viernes, 11 de noviembre de 2011
POR MI SENDERO
Yo seguía la huella,
de algún lucero
y se cruzó una estrella,
por mí sendero.
Era cuerpo celeste,
reverberante
que de sur al oeste,
giraba errante.
Era su luz suave,
y soñadora,
de misterio tan grave,
como la aurora.
Corrí de tras de ella,
como un pequeño
de aparición tan bella,
quise ser dueño.
Y en alas de su luz,
trepando el viento
llegué en el cielo azul,
a su aposento.
Por tanta maravilla,
fui sorprendido
que en una pesadilla,
quedé sumido.
Despiérteme del sueño,
en un jardín
pintoresco y pequeño,
bajo un jazmín.
Nada de la vivido,
hallé a mí paso
abrasé perdido,
por el ocaso.
Y detrás de aquel astro,
a otras regiones
se fueron por el rastro,
mis ilusiones.
Y toda mi atrevida,
aventuraza
quedase reducida,
a la esperanza.
De que al seguir la huella,
de otro lucero
vuelva a cruzar la estrella,
por mí sendero.
José Sancho Rodríguez
jueves, 10 de noviembre de 2011
QUIERO SER TU PRISIONERA
Todos los mortales sueñan,
aunque no puedan dormir
siempre que en algo se empeñan,
difícil de conseguir.
Así, hay quien asegura,
y la razón le sustenta
que la vida representa,
una soñada aventura.
Creó, los ensueños bellos,
y deleitoso soñar
y hasta suelo de encontrar,
cosas reales en ellos.
Tengo un librito pequeño,
escrito con tinta roja
que describe eh cada hoja,
peripecias de un ensueño.
Aunque lo creas sandeces,
él te puede persuadir
que soñar es ciertas veces,
el consuelo de vivir.
Permítame que te cuente,
el sueño que anoche tuve
aunque pase por tu mente,
cual la sombra de una nube.
Soñé, que navegaba,
a Venecia, prisionera
La Mar estaba serena,
la noche tibia y callada
y sobre el agua rizada
brillaba la luna llena.
Pero veía en progreso,
tu ruborizarte pena
y quise posar un beso,
sobre tu frente morena.
Un indescriptible agravio,
mi tentación te causó
y el beso se me quedó,
congelado entre los labios.
Invadió la barca lora,
un silencio sepulcral
y tu rostro, la aureola,
que una aurora boreal.
Ancló mi barca pirata,
en la ciudad de los lagos
tu rostro sus visos vagos,
tornó en color de escarlata.
Ni a mirarte me atrevía,
temeroso a tus enojos
pero algo comprendía,
que me decían tus ojos.
Me pedían en si idioma,
aquel beso despreciado
“de amor palpitante axioma,
y que quedó congelado”.
Te miré con el temor,
de endurecerte otra vez
y me eclipsó tu candor,
y virginal timidez.
Entonces tú me miraste
y sin el menor exceso
con el calor de otro beso,
el mío, des congélate.
Y halagüeña y sonrientes,
me digites placentera
¡bésame que eternamente,
quiero ser tu compañera.
Las poesías de amor siempre van repletas
de palabras bonitas hacia las mujeres.
José Sancho Rodríguez.
miércoles, 9 de noviembre de 2011
EL OJEO
¿Has visto algún ojeo
simpático amiguito?
pues si es tu deseo
hetelo aquí descrito,
dicen que es un deporte muy bonito.
Tiene también dos caras,
como todas las cosas,
ciertas costumbres raras
algo pecaminosas,
y manifestaciones ampulosas.
Arriban en sus coches,
los francotiradores
y engullen con derroche,
fiambres y licores,
todos en apariencia, son señores.
La infantería llega,
tras largo caminar
portando su talega,
un ligero yantar,
para sobre la marca repostar.
Se le atorga el derecho,
al equipo pedante
si algo de provecho,
encuentra en el sobrante,
que a veces suele ser, bueno y bastante.
A la furia humana,
órdenes se le dan
y en la cuenca cercana
cerrando el cerco van,
oteando los montes como un can.
Para pasar a otro,
lugar determinado
en la mula o el potro,
van los que no han dado,
según la tradiciones del pasado.
Sigue el de la talego,
su marcha jadeante
y otra vez se despliega,
cual águila rapante
sin acusar, cansancio su semblante.
Cuando llega la noche,
tornan a sus hogares
unos, van en el coche,
narrando los azares
y los otros, por medios muy dispares.
¿No crees amiguito,
que en la campestre fonda
sería más bonito,
la escopeta y la onda
formando fraternal, mesa redonda?.
Nada hay que lo estorbe,
nada hay que lo impida
pero así en todo orbe,
está constituida
la gran tragicomedia de la vida.
Bonitos verso narró el Poeta Sancho en aquella época.
José Sancho Rodríguez.
lunes, 7 de noviembre de 2011
EL CABALLERO LABRIEGO
Es inútil cuanto intento,
se hace por olvidar
lo que graba el pensamiento,
cuando se empieza a pensar.
Y en mi pensamiento en flor,
grabó el pérfido destino
el anónimo dolor,
de mi hermano campesino.
Con él, he saboreado,
la constancia de su penas
y con él, arrastrado,
el peso de sus cadenas.
Siendo el ser sin excepción,
que más tiene que sufrir
es el que más ilusión,
le pone siempre al vivir.
El ser al que nadie nombra,
y del que nada se escribe
y sólo calor recibe
del sol que traza su sombra.
Es ser que de otro modo,
no sabe ganar el pan
y tiene que darlo todo,
y tomar lo que le dan.
De su estado se apodera,
tan noble gentil lo cuera
que le hace pasajera,
tan pesada desventura.
Contra partidas normales,
son para él, los reveses
y los más elementales,
considera pequeñeces.
Para él, el tiempo es oro,
y auque la escasez le abrume
la tierra que lo consume,
sigue siendo su tesoro.
Sus virtudes canto a coro,
porque es digno de alabanza
como arquetipo semblanza,
del labriego caballero
que perdiendo siempre el juego
nunca pierde la esperanza.
José Sancho Rodríguez
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