En toda la serranía,
desde Ronda a Cetení
otra chiquilla no había,
que se pareciera a ti.
Era cual la clavellina,
que entre los trigales crece
que casi el sol no la ilumina,
ni casi el viento la mece.
Una niña morenita,
con dos luceros por ojos
y unas facciones descritas,
en mi diario de antojos.
Ni te sabrá la hermosura,
ni te faltaba belleza
ni la candidez tan pura,
que da el amor cuando empieza.
Eras feliz, con la palma,
de la Virgen inocente
sin una sombra en el alma,
ni una mancha en la frente.
Yo soñando en ser poeta,
era un vagabundo errante
como la espuma flotante,
y dócil cual la veleta.
Montado en ágil caballo,
fantasmal de mi quimera
pensando que el mundo era,
un vergel en pleno mayo.
En alas de la ilusión
y bajo un sol sin ocaso
viajando al Helicón,
al Olimpo y al Parnaso.
Tras la Deidades ilusas,
que por Júpiter creadas
son las diosas de las musas,
en mis delirios soñadas.
Y cual cosa que depara,
el gran Dios que yo bendigo
una tarde cara a cara,
al azar me di contigo.
Y me dije: !Santo Dios!,
si esta es la escultura
porque deambulo en pos,
en mi onírica locura.
Hecho un mal de confusiones,
quédeme yo niña en verte
y alegando prestaciones,
de un gran cariño ofrecerte.
Y el nómada sin segundo,
y veleidoso que fui
ya solo veía el mundo,
que giraba en torno a ti.
Quise amarte a largo plazo,
y evadirme de la urgencia
pero el reto del flechazo,
pudo mas que la prudencia.
Cuando por primera vez,
te dije que te quería
cayó sobre tu niñez,
una gota de agua fría.
Cuando algún tiempo pasó,
volví a decirte te quiero
y entonces se te escapó,
un suspiro mensajero.
Y en aquel suspiro mudo,
pude querer descubrir
que descubrirse no pudo,
por no saber que decir.
Era un querer tan pequeño,
que apenas sabía hablar
de él, me hiciste dueño,
y lo tuve que enseñar.
Dile desde aquel instante,
rienda suelta al pensamiento
y en los versos de mi cante,
sólo vibraba tu acento.
Versos te puse en las esquinas,
en las hojas del Nepal
en el tronco de la encina,
y en el del chopo real.
Versos te puse en la duna,
diamantes de amor fundido
que el resplandor de la luna,
te recitaba al oído.
Una inexplicable llama,
fundó nuestros corazones
y nuestro amoroso drama,
desbordó las previsiones.
Sin ritos ni sacristías,
ni trabas de vicaría
selló nuestra unión cristiana
el alba de la mañana,
de nuestro mas feliz día.
Ni mas podía ofrecerte,
ni más que darme tenias
te juré siempre quererte,
y tu quererme querías
por encima de la muerte.
Y fuiste tan cumplidora,
de lo tan niña jurado
que en todo momento y hora,
viví feliz a tu lado.
Tu final llegó primero,
mi revés mas violento
y mientras la muerte espero,
fiel a mi juramento
hasta la muerte te quiero.
Preciosa poesía de amor de aquellos tiempos,
y los de ahora si se hacen con ese cariño que el Poeta Sancho hizo,
a su prometida desde niña.
José Sancho Rodríguez.
miércoles, 4 de febrero de 2015
domingo, 1 de febrero de 2015
A MI AMIGA LA SABIA DE MORÓN.
Quien pudiera escalar el gran secreto,
que sustenta tu gran sabiduría
y poder descifrar la clave un día,
a que tu gran misterio está sujeto.
Pero suele causar tanto respeto,
un saber, que ningún saber lo guía
que no puede contarse en poesía,
ni se puede encerrar en un soneto.
Es tu virtud, un natural proceso,
que escapa a la ciencia y el progreso,
y se auto circunda de misterio.
La ciencia ni lo aprueba ni lo niega,
y al mando del espíritu relega,
el caso, de tomarlo en serio.
A muchas personas ayudó a salir adelante.
José sancho Rodríguez.
que sustenta tu gran sabiduría
y poder descifrar la clave un día,
a que tu gran misterio está sujeto.
Pero suele causar tanto respeto,
un saber, que ningún saber lo guía
que no puede contarse en poesía,
ni se puede encerrar en un soneto.
Es tu virtud, un natural proceso,
que escapa a la ciencia y el progreso,
y se auto circunda de misterio.
La ciencia ni lo aprueba ni lo niega,
y al mando del espíritu relega,
el caso, de tomarlo en serio.
A muchas personas ayudó a salir adelante.
José sancho Rodríguez.
viernes, 23 de enero de 2015
DÉJAME EN PAZ
Escucha atento el escrito,
que por segunda vez te mando
que no me gusta Frasquito,
los pasos que vienes dando.
Porque un consejo te di,
yo por tu higiene velando
la revancha contra mi,
me entero que andas buscando.
Fuiste buscando clemencia,
en busca de Don José
y te falto la advertencia,
de no enjuagarte los pies.
Yo, si la agresión viniera,
directamente de ti
aunque allí vencido fuera,
contigo fuera a la liz.
Si te sirve de coraza,
la costra de tu (mierdera)
que es terrible tu amenaza,
y no lo sabe cualquiera.
Aún te encuentras importante,
para ir a la pelea
y anda buscando mas gente,
cosa radícula y fea.
Por no lavarte las manos,
cosa lógica y sencilla
para cualquier ciudadano,
te despliegas en guerrilla.
Para el colmo del disloque,
el otro día me dijeron
que en busca del Albaricoque,
ibas a pasa ligero.
Sólo el verte me da pena,
como un pobre pordiosero
eres otro Cartagena,
con mas pringue que un puchero.
Deja tranquilo en su rancho,
al autor de tu capacha
que ese forma un zafarrancho,
aunque sea mala su facha.
Si el otro te vio los pies,
por tu descuido imprudente
éste te vera la hiel,
cosa que en él, es corriente.
Déjate de defensores,
mira que todo es en vano
no terminan tus dolores,
si no te lavas las manos.
Mientras que fue contrabando,
porque nadie lo sabía
iban tus manos pasando,
hoy es la nota del día.
Te encuentras pregonado,
y todo el mundo lo dice
que precisas un fregado,
de los pies a las narices.
Y si yo no me equívoco,
habrá que echarte a remojo
y rasparte poco a poco,
con estropajo de abrojo.
Mierdera tan sorprendente,
no la vieron los cristianos
tú serás sobresaliente,
donde presentes las manos.
Y aquí otra vez te aconsejo,
que te dejes de quimeras
y te quites la mierdera,
que te veamos el pellejo.
Estas son las cosillas que los amigos del Poeta Sancho,
le comentaban para hacer estos versos satíricos a esa persona,
y él, le contestaba que nadie mandaba en su cuerpo.
José Sancho Rodríguez.
que por segunda vez te mando
que no me gusta Frasquito,
los pasos que vienes dando.
Porque un consejo te di,
yo por tu higiene velando
la revancha contra mi,
me entero que andas buscando.
Fuiste buscando clemencia,
en busca de Don José
y te falto la advertencia,
de no enjuagarte los pies.
Yo, si la agresión viniera,
directamente de ti
aunque allí vencido fuera,
contigo fuera a la liz.
Si te sirve de coraza,
la costra de tu (mierdera)
que es terrible tu amenaza,
y no lo sabe cualquiera.
Aún te encuentras importante,
para ir a la pelea
y anda buscando mas gente,
cosa radícula y fea.
Por no lavarte las manos,
cosa lógica y sencilla
para cualquier ciudadano,
te despliegas en guerrilla.
Para el colmo del disloque,
el otro día me dijeron
que en busca del Albaricoque,
ibas a pasa ligero.
Sólo el verte me da pena,
como un pobre pordiosero
eres otro Cartagena,
con mas pringue que un puchero.
Deja tranquilo en su rancho,
al autor de tu capacha
que ese forma un zafarrancho,
aunque sea mala su facha.
Si el otro te vio los pies,
por tu descuido imprudente
éste te vera la hiel,
cosa que en él, es corriente.
Déjate de defensores,
mira que todo es en vano
no terminan tus dolores,
si no te lavas las manos.
Mientras que fue contrabando,
porque nadie lo sabía
iban tus manos pasando,
hoy es la nota del día.
Te encuentras pregonado,
y todo el mundo lo dice
que precisas un fregado,
de los pies a las narices.
Y si yo no me equívoco,
habrá que echarte a remojo
y rasparte poco a poco,
con estropajo de abrojo.
Mierdera tan sorprendente,
no la vieron los cristianos
tú serás sobresaliente,
donde presentes las manos.
Y aquí otra vez te aconsejo,
que te dejes de quimeras
y te quites la mierdera,
que te veamos el pellejo.
Estas son las cosillas que los amigos del Poeta Sancho,
le comentaban para hacer estos versos satíricos a esa persona,
y él, le contestaba que nadie mandaba en su cuerpo.
José Sancho Rodríguez.
miércoles, 14 de enero de 2015
UNA LIMOSNA POR DIOS
Frente al Liceo una noche,
me detuve a contemplar
de lujo el mayor derroche
la Diosa, soberbia en coche
vi, estupefacto pasar.
Las damas mas distinguidas,
y mas altos caballeros
en orgías divertidas,
en buen grado enfebrecidas
por los efectos de Eros.
De los coches descendían,
entre blondas cual celajes
figuras que estremecían,
cuyas joyas relucían
a través de los encajes.
La aristocracia condal,
tributaba una función
a un personaje real,
y su excelsa condición
lucía en marcha triunfal.
Cuantas perlas y brillantes,
con declinantes destellos
cuantos pendientes colgantes,
y diademas rutilantes
ordenaban sus cabellos,
Tanta seda y tercio pelo,
no pensaba que existía
tanta flor y pedrería,
una antesala del cielo
más que calle parecía.
Cuando absorto contemplaba,
de una belleza el fulgor
otra la reemplazaba,
que en sus atuendos mostraba
un atractivo mayor.
Yo acabado de llegar,
de mi pueblo tan pequeño
sin mentir ni exagerar,
me tuve que pellizcar
por parecerme un ensueño.
Y así lo fuera creído,
si una lastimera voz
que más bien era un quejido,
no murmurarse a mi oído
!una limosna por Dios!.
Una fuerte sacudida,
hizome el rostro volver
y vi muy entristecida,
y con andrajos vestida
implorando a una mujer.
Escena tan afrentosas,
el alma me hizo pedazo
al verla tan andrajosa,
dándole el pecho amorosa
a una hijita en sus brazos.
Hija y madre imaginaba,
de igual desdicha las dos
mientras la niña lloraba,
la pobre madre clamaba
!una limosna por Dios!.
Tanta miseria internar,
en medio de lujo tanto
cáusame tanto pesar,
que sin poderlo evitar
brotó en mis ojos el llanto.
La sensación que sintiera,
ante tan cruel encuentro
me pareció una quimera,
tanta miseria aquí fuera
y tanto lujo allí dentro.
Pero ¿es posible Dios Santo,
que puedan tranquilos ver
esos que disfrutan tanto,
sin que le cause quebranto
cómo vive esta mujer?.
¿Como podrán decir,
de la conciencia el clamor
y compasión no sentir,
viendo a dos seres sufrir
tan fragante dolor?.
Viendo la pena infinita,
con que esa madre bendita
casi sin fuerzas en la voz,
imploraba para su hijita
!una limosna por Dios!.
Bonitos versos que a un hoy existen.
José Sancho Rodríguez.
me detuve a contemplar
de lujo el mayor derroche
la Diosa, soberbia en coche
vi, estupefacto pasar.
Las damas mas distinguidas,
y mas altos caballeros
en orgías divertidas,
en buen grado enfebrecidas
por los efectos de Eros.
De los coches descendían,
entre blondas cual celajes
figuras que estremecían,
cuyas joyas relucían
a través de los encajes.
La aristocracia condal,
tributaba una función
a un personaje real,
y su excelsa condición
lucía en marcha triunfal.
Cuantas perlas y brillantes,
con declinantes destellos
cuantos pendientes colgantes,
y diademas rutilantes
ordenaban sus cabellos,
Tanta seda y tercio pelo,
no pensaba que existía
tanta flor y pedrería,
una antesala del cielo
más que calle parecía.
Cuando absorto contemplaba,
de una belleza el fulgor
otra la reemplazaba,
que en sus atuendos mostraba
un atractivo mayor.
Yo acabado de llegar,
de mi pueblo tan pequeño
sin mentir ni exagerar,
me tuve que pellizcar
por parecerme un ensueño.
Y así lo fuera creído,
si una lastimera voz
que más bien era un quejido,
no murmurarse a mi oído
!una limosna por Dios!.
Una fuerte sacudida,
hizome el rostro volver
y vi muy entristecida,
y con andrajos vestida
implorando a una mujer.
Escena tan afrentosas,
el alma me hizo pedazo
al verla tan andrajosa,
dándole el pecho amorosa
a una hijita en sus brazos.
Hija y madre imaginaba,
de igual desdicha las dos
mientras la niña lloraba,
la pobre madre clamaba
!una limosna por Dios!.
Tanta miseria internar,
en medio de lujo tanto
cáusame tanto pesar,
que sin poderlo evitar
brotó en mis ojos el llanto.
La sensación que sintiera,
ante tan cruel encuentro
me pareció una quimera,
tanta miseria aquí fuera
y tanto lujo allí dentro.
Pero ¿es posible Dios Santo,
que puedan tranquilos ver
esos que disfrutan tanto,
sin que le cause quebranto
cómo vive esta mujer?.
¿Como podrán decir,
de la conciencia el clamor
y compasión no sentir,
viendo a dos seres sufrir
tan fragante dolor?.
Viendo la pena infinita,
con que esa madre bendita
casi sin fuerzas en la voz,
imploraba para su hijita
!una limosna por Dios!.
Bonitos versos que a un hoy existen.
José Sancho Rodríguez.
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