PASIÓN DE POETA
PENSAMIENTO AL AZAR.
soneto
La sombra sobre el valle se extendía,
las aves regresaban al otero
en Oriente, brillaba ya el lucero,
y tu rostro de encanto se cubría.
Era como una nívea estatua fría,
una efigie fiel, del propio Eros
que puso el creador en mi sendero,
para ver lo que, yo al verte hacía.
Y al ver que te cubría trasparente,
el velo de la virgen inocente,
quise hacer un alarde de respeto.
Y auque tanto quisiera haberte hecho,
me di por complacido y satisfecho,
con hacerte, tan solo este soneto.
José Sancho Rodríguez
domingo, 21 de agosto de 2011
viernes, 19 de agosto de 2011
LAS CUENTAS DE LA LECHERA
LAS CUENTAS DE LA LECHERA.
Por bien que el mundo se ordene,
es algo tan complicado
que siempre en él, que haber tiene,
un algo, mal ordenado.
Ningún libelo imagino,
en el poema presente
es una cosa corriente,
en el mundo campesino.
Era ya sexagenario,
un humilde productor
y vivía solitario,
por desidia, y por error.
Hombre de deber cumplido,
y acreditada honradez
y que se hallaba excluido,
del subsidio de vejez.
Y bajo el peso agobiante,
de la edad y la indignación
vivía de la clemencia,
solo de sus semejantes.
Un recorrido campero,
y vergüenza de pedir
no tenía otro remedio,
para poder subsistir.
Un recorrido campero,
hizo para Nochebuena
y trajo una saca llena,
de alimentos y dinero.
Porqué en el campo español,
tras tantas dificultades
no se pone nunca el sol,
de la humana caridad.
Un poco dióle a un amigo,
que en la villa vendería
para comprarle un abrigo,
que buena falta le hacía.
El anciano deseoso,
del subsidio reclamar
con un gesto generoso,
la suerte quiso probar.
Creyó lo más acertado,
con el donado animal
obsequiar al delegado,
de la Seguridad Social.
Éste, con su idiosincrasia,
con promesas inconcretas
aceptó con diplomacia,
el mago de las chuletas.
Soñaba el triste aciago,
con mejorar su vivir
pero el plumífero Mago,
nada pudo conseguir.
Y el jurisconsulto un día,
le dio la noticia dura
de que la ley no podía,
aliviar su desventura.
Viene usted fuera de fecha,
le dijo con tona grave
y la ley es tan estrecha,
que en ella ni el aire cave.
Del fracaso de su alarde,
lametábase el anciano
siempre a la ley llegó tarde,
hasta cuando fue temprano.
Pues sea lo que Dios quiera,
balbuceaba el mendigo
adiós, como la lechera,
pavo, subsidio y abrigo.
Cantos ejemplos de estos que narra el Poeta Sancho
habrán ocurrido.
José Sancho Rodríguez.
Por bien que el mundo se ordene,
es algo tan complicado
que siempre en él, que haber tiene,
un algo, mal ordenado.
Ningún libelo imagino,
en el poema presente
es una cosa corriente,
en el mundo campesino.
Era ya sexagenario,
un humilde productor
y vivía solitario,
por desidia, y por error.
Hombre de deber cumplido,
y acreditada honradez
y que se hallaba excluido,
del subsidio de vejez.
Y bajo el peso agobiante,
de la edad y la indignación
vivía de la clemencia,
solo de sus semejantes.
Un recorrido campero,
y vergüenza de pedir
no tenía otro remedio,
para poder subsistir.
Un recorrido campero,
hizo para Nochebuena
y trajo una saca llena,
de alimentos y dinero.
Porqué en el campo español,
tras tantas dificultades
no se pone nunca el sol,
de la humana caridad.
Un poco dióle a un amigo,
que en la villa vendería
para comprarle un abrigo,
que buena falta le hacía.
El anciano deseoso,
del subsidio reclamar
con un gesto generoso,
la suerte quiso probar.
Creyó lo más acertado,
con el donado animal
obsequiar al delegado,
de la Seguridad Social.
Éste, con su idiosincrasia,
con promesas inconcretas
aceptó con diplomacia,
el mago de las chuletas.
Soñaba el triste aciago,
con mejorar su vivir
pero el plumífero Mago,
nada pudo conseguir.
Y el jurisconsulto un día,
le dio la noticia dura
de que la ley no podía,
aliviar su desventura.
Viene usted fuera de fecha,
le dijo con tona grave
y la ley es tan estrecha,
que en ella ni el aire cave.
Del fracaso de su alarde,
lametábase el anciano
siempre a la ley llegó tarde,
hasta cuando fue temprano.
Pues sea lo que Dios quiera,
balbuceaba el mendigo
adiós, como la lechera,
pavo, subsidio y abrigo.
Cantos ejemplos de estos que narra el Poeta Sancho
habrán ocurrido.
José Sancho Rodríguez.
viernes, 12 de agosto de 2011
EL DIA DE SAN JUAN
EL DÍA DE SAN JUAN.
En la agreste montaña,
vivía aquel pastor
tenía en su cabaña
la paz y el amor,
que anhelara
el más rico señor.
Colmó sus ilusiones,
la idolatrada esposa
con sus dos embriones,
un clavel y una rosa
que la vida
le hacían tan dichosa.
Déjese una oveja,
huérfano a un corderillo
y la infantil pareja,
con esfuerzo sencillo
lo consigue criar
lleno de brillo.
En pago a sus favores,
el cordero inocente
a sus dos protectores,
audaz e inteligente
perseguían en guardia
permanente.
Marido y esposa,
dialogando están
ella dice quejosa,
mañana es San Juan
y en la choza
hay sólo aceite y pan.
Mataré el cordero,
dijo él, terminante
ellos no querrán, pero,
cederán al instante
a cambio de tener
carne abundante.
La suprema sentencia,
los pequeños oyeron
y la ingenua ocurrencia,
de ocultarlo tuvieron
y que lo raptó un lobo
supusieron.
Provisto del cuchillo,
grita el pastor severo
¿dónde está el corderillo?
sacrificarlo quiero
por ser el día del Santo
que venero.
¡Vamos! quiero enseguida,
saber quién lo ha escondido
ellos, siempre la vida,
para la muestra han dado
sin que sea
delito ni pecado.
¡Y aquel niño gigante!,
por su alma tan pura
con tétrico semblante,
la insólita aventura
confesó
inundado de amargura.
Yo, papaíto mío,
he sido el delincuente
lo escondí junto al río,
allá cerca del puente
al oírte
su fin, tan inminente.
Le he dicho que se calle,
que no vaya a balar
y que nadie lo halle,
que lo quieren matar
y de miedo
echase a temblar.
Y aunque quedó dormido,
obediente a tu mando
le daré un silbido,
y subirá balando
y mi hermanita y yo
con él, llorando.
Déjalo, papaíto,
no ves que es un dolor
comeremos pan frito,
que está mucho mejor
pues su carne
tendrá muy mal sabor.
Y el Santo que veneras,
tengo la convicción
que si tú le pidieras,
le daría el perdón
y a nuestro humilde hogar
la bendición.
Cambió el pastor el ceño,
de adusto complaciente
y de cada pequeño,
puso un beso en la frente
y una lágrima bollo
su rostro ardiente.
Cayósele el puñal,
de la crispada mano
ante aquel manantial,
de sentimiento humano
y ocultar la emoción
trataba en vano.
Y ocultando el rubor,
de su esposa abrazado
como un pecador,
que huye del pecado
le dijo
con acento emocionado.
Nuestros hijos, esposa,
qué gran lección nos dan
mi alegría rebosa
con solo aceite y pan,
pasaremos
el día de San Juan.
Bonito ejemplo de estos dos adolescente
a favor de los animales que narra el Poeta Sancho
en estos versos.
José Sancho Rodríguez.
En la agreste montaña,
vivía aquel pastor
tenía en su cabaña
la paz y el amor,
que anhelara
el más rico señor.
Colmó sus ilusiones,
la idolatrada esposa
con sus dos embriones,
un clavel y una rosa
que la vida
le hacían tan dichosa.
Déjese una oveja,
huérfano a un corderillo
y la infantil pareja,
con esfuerzo sencillo
lo consigue criar
lleno de brillo.
En pago a sus favores,
el cordero inocente
a sus dos protectores,
audaz e inteligente
perseguían en guardia
permanente.
Marido y esposa,
dialogando están
ella dice quejosa,
mañana es San Juan
y en la choza
hay sólo aceite y pan.
Mataré el cordero,
dijo él, terminante
ellos no querrán, pero,
cederán al instante
a cambio de tener
carne abundante.
La suprema sentencia,
los pequeños oyeron
y la ingenua ocurrencia,
de ocultarlo tuvieron
y que lo raptó un lobo
supusieron.
Provisto del cuchillo,
grita el pastor severo
¿dónde está el corderillo?
sacrificarlo quiero
por ser el día del Santo
que venero.
¡Vamos! quiero enseguida,
saber quién lo ha escondido
ellos, siempre la vida,
para la muestra han dado
sin que sea
delito ni pecado.
¡Y aquel niño gigante!,
por su alma tan pura
con tétrico semblante,
la insólita aventura
confesó
inundado de amargura.
Yo, papaíto mío,
he sido el delincuente
lo escondí junto al río,
allá cerca del puente
al oírte
su fin, tan inminente.
Le he dicho que se calle,
que no vaya a balar
y que nadie lo halle,
que lo quieren matar
y de miedo
echase a temblar.
Y aunque quedó dormido,
obediente a tu mando
le daré un silbido,
y subirá balando
y mi hermanita y yo
con él, llorando.
Déjalo, papaíto,
no ves que es un dolor
comeremos pan frito,
que está mucho mejor
pues su carne
tendrá muy mal sabor.
Y el Santo que veneras,
tengo la convicción
que si tú le pidieras,
le daría el perdón
y a nuestro humilde hogar
la bendición.
Cambió el pastor el ceño,
de adusto complaciente
y de cada pequeño,
puso un beso en la frente
y una lágrima bollo
su rostro ardiente.
Cayósele el puñal,
de la crispada mano
ante aquel manantial,
de sentimiento humano
y ocultar la emoción
trataba en vano.
Y ocultando el rubor,
de su esposa abrazado
como un pecador,
que huye del pecado
le dijo
con acento emocionado.
Nuestros hijos, esposa,
qué gran lección nos dan
mi alegría rebosa
con solo aceite y pan,
pasaremos
el día de San Juan.
Bonito ejemplo de estos dos adolescente
a favor de los animales que narra el Poeta Sancho
en estos versos.
José Sancho Rodríguez.
jueves, 11 de agosto de 2011
PENSAMIENTO MUNDARIEGO
Pensamiento mundaríego.
(soneto)
En sudarios, en mantos y coronas,
invierten ciertos grupos los millones
en la más fastuosas procesiones,
van cubiertas de oro sus madonas.
Mientras tanto, millares de personas,
si quieren mitigar sus privaciones
tienen que emigrar a las naciones,
aún no, de esos cultos campeones.
Y si Dios, vería más gozoso,
el oro convertido en pan sabroso
repartido, con todos los hambrientos.
Esos, de que nos hablan cada día,
que mantienen a raya la agonía
sin hogares, sin ropa ni alimentos.
José Sancho Rodríguez.
(soneto)
En sudarios, en mantos y coronas,
invierten ciertos grupos los millones
en la más fastuosas procesiones,
van cubiertas de oro sus madonas.
Mientras tanto, millares de personas,
si quieren mitigar sus privaciones
tienen que emigrar a las naciones,
aún no, de esos cultos campeones.
Y si Dios, vería más gozoso,
el oro convertido en pan sabroso
repartido, con todos los hambrientos.
Esos, de que nos hablan cada día,
que mantienen a raya la agonía
sin hogares, sin ropa ni alimentos.
José Sancho Rodríguez.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
