AL SR. ALCALDE.
Cuentan que cuando llegó,
Sancho Panza a Abarataría
un gobierno estableció,
una cosa extraordinaria.
Pero el Ilustre Manchego,
acudió con su experiencia
mandándole a Sancho un pliego,
con una histórica advertencia.
Pues yo ni sabio ni loco,
como don Quijote estoy
pero me falta muy poco,
y a darte un consejo voy.
Si haces lo que te indico,
apostaré mi pescuezo
que al medio año estas rico,
si no te han llevado preso.
Tú eres amigo Antonio,
hombre honrado y caballero
pero te lleva el demonio,
con el maldito dinero.
No sabes lo que implantar,
ni sabes donde acudir
el deseo de agenciar,
no te deja de vivir.
Es ese un deseo bueno,
usado en horas propicias
pero sin perder el freno,
de nuestra propia avaricia,
Porque la avaricia suelta,
no resulta buena gala
el público a espalda vuelta,
con el dedo te señalan.
Tú cometes disparates,
que no caben en romana
pregonando tomates,
y papa por la mañana.
Aunque tú callas y apañas,
tampoco nada te pones
cuando restos de castañas,
vendes a pares y nones.
Y también de noche sabes,
meterte como un gandul
en los charcos tras las aves,
con la paleta y la luz.
Es cierto que poco brilla,
la actuación de un alcalde
convertido en monterilla,
y del cargo haciendo alarde.
Mas tampoco le da brillo,
según yo me considero
si con su caja y cepillo,
sales hecho betunero.
Afiánzate a la vara,
y empúñala a mano llena
vende la justicia cara,
y cóbrala como buena.
Que los pasos aproveches,
ni en las forzadas recetas
una rúbrica no eches,
por menos de cien pesetas.
Supuesto que no eres torpe,
no te vayas de ligero
y cuando asestes el golpe
dalo fuerte y bien certero.
Imponle el debido arresto,
lo mismo al grande que al chico
y no dejes que en el tiesto,
ninguno meta el hocico.
Mientras tengas el bastón,
no te andes con rodeo
y a esa corporación,
quítale ya el lambuceo.
Que en el pueblo no hay quien dude,
lo que sucede en abasto
al observar como acude,
cada cual con su canasto.
Dicen que a los concejales,
les llenan unas talegas
y que varios principales,
otras también les entregan.
Y a Juan pueblo se le encarga,
la suma correspondiente
para que el regalo salga,
de gratis completamente.
Todo esto está muy bien,
esta vida es un fandango
y el que coge la sartén,
se tizna y no suela el mango.
Y en tal estado de cosas,
algunos de estos señores
sostienen con sus esposas,
complicados sin sabores.
Las agraciadas, resulta,
que hacen el paso a lo vivo
una a otra no se ocultan,
el tipo de donativo.
Una a otra se confiesa,
chiquilla el mío anoche
trajo una talega tiesa,
y tuvimos el derroche.
La otra se calla al pronto,
pero le dice al marido
¡míralo! tu eres más tanto,
y mucho menos has traído.
Es que tú precisas mucho,
contesta el interpelado
acuérdate que el cartucho,
venía bien despachado.
Si otro día no me traes,
la talega en condición
sepas que por cuenta mía,
presento la dimisión.
Para que entre esa creí,
se terminen las rencillas
racionándolo como es ley,
con arreglo a las cartillas.
Estraperla tú las raciones,
y haz los números largos
que otros estraperlan vagones
teniendo más altos cargos.
No admitas ni una protesta,
sobre las escaleretas
ya que la obra no cuesta,
más de un millón de pesetas.
Di que no hay tales manejos,
que es un modelo español
sólo para que los viejos,
se puedan sentar al sol.
Con el ganado de enaguas,
debes de ser impecable
y referente a las aguas,
no permitas que se hable.
Que además que nos sustentan,
las diez fuentes principales
en nuestras calles revientan,
muy copiosos manantiales.
Y cuando llegue el verano,
no quedará una maceta
porque el chorro más cercano,
será allá el de la Juan Prieta.
Y si me encuentras castigo,
por el escrito presente
sepa que lo que yo digo,
lo dicen todas las gente.
Yo a la gente no la escucho,
porque si no me equivoco
echan por la boca mucho,
pero se meten muy poco.
Y aquí amigo terminé,
este consejo por hoy
sin saber donde empecé,
ni saber por donde voy.
Estos verso los escribe el Poeta Sancho por los años 1.950
a su amigo Antonio Alcalde de Villanueva de San Juan, no le callaron mal porque hacia lo que dice el poema, pero que tiempos aquellos.
José ancho Rodríguez
martes, 12 de julio de 2011
miércoles, 6 de julio de 2011
RESPLANDORES DEL OCASO
RESPLANDORES DEL OCASO.
Dice un refrán español,
referente a las mujeres
que existen puestas de sol,
más bellas que amaneceres.
En el barrio llamado de las Pitas,
nació en ese pueblo una chiquilla
dotada de virtudes infinitas,
y convertida en mártir por la villa.
Por ser hija de padres indigentes,
prohibida le estuvo la grandeza
y entre necesidades insistente,
coronada creció por la pobreza.
Sirviendo a señoras religiosas,
que de adulta, poníanle trabajos
con una indumentaria desastrosa,
y una alpargatas con andrajos.
Cuando en aquel suplicio la chavala,
cumplió las 18 primaveras
de lucirse en el barrio tuvo gala,
cual se lucen las rosas tempraneras.
Bajita, y ni blanca ni morena,
no podía lucir más hermosura
con una pobladísima melena,
que ondulante pasaba su cintura.
Pero llegó Cupido con su flecha,
y no le concedió victoria alguna
y la tempranera rosa fue deshecha,
es un cielo de amores sin fortuna.
No pudo querer ni ser querida,
a pesar de sus dotes femeninas
y ya desconcertada por la vida,
no encontraba caminos sin espinas.
Y por sus vericuetos turbulentos,
encontrase un poeta cierto día
y ya desconcertada por la vida,
no encontraba caminos sin espinas.
Y por sus vericuetos turbulentos,
encontrarse un poeta cierto día
que lagrimas vertió de sentimientos,
al oír los desdenes que sufría.
Se contaron su historia mutuamente,
y echándole a los dos, gruesos borrones
se juraron trazar para el presente,
nueva senda para sus corazones.
El Poeta le dijo con ternura,
te juro que me da pena de verte
envuelta en tan triste desventura,
y tan abandonada por la suerte.
¡Deja ya de buscar con ansia inquieta,
un alma sin espina ni venenos
y ampárate en mi que soy poeta,
y todos los poetas somos buenos.
Aunque hayas obrado con excesos,
con las más pura Vírgenes te igualo
porque has repartido muchos besos,
y quien reparte besos nunca es malo.
Y a tu cansado amor le daré asilo,
en el gran paraíso de mi pecho
para que pueda reposar tranquilo,
curando tanto mal, como le han hecho.
Caricias y palabras cariñosas,
te habrán ofrecido pocas veces
sin duda te ofrecían otras cosas,
improperios, insultos y sandeces.
Si aceptas mi honesta compañía,
no volverás a oír frases ingratas
por que yo te hablaré en poesía,
y te acariciaré por serenatas.
Vivirás alegre y divertida,
y yo te cantaré cual trovador
lo hermosa que nos es siempre la vida,
cuando se ilumina con amor.
Y en tu pelo pondría una azucena,
engarzada con un silvestre lirio
anunciando el fin de la condena,
y anulando la ley de tu martirio.
Y me dedicaría a ofrecerte,
una amistad, cristiana y sincera
y mi dicha final fuera tenerte,
hasta cerrar mis ojos a mi vera.
No besaré tus labios como amante,
al pensar que por mi has hecho tanto
si se hace preciso algún instante,
te besaré la frente como a un Santo.
Estos preciosos verso que le escribe a esta Srª como amiga,
fuero hechos una vez que quedó viudo y en la soledad, que causa perder a su amor querido cuando mas falta le hace a la pareja.
José Sancho Rodríguez.
Dice un refrán español,
referente a las mujeres
que existen puestas de sol,
más bellas que amaneceres.
En el barrio llamado de las Pitas,
nació en ese pueblo una chiquilla
dotada de virtudes infinitas,
y convertida en mártir por la villa.
Por ser hija de padres indigentes,
prohibida le estuvo la grandeza
y entre necesidades insistente,
coronada creció por la pobreza.
Sirviendo a señoras religiosas,
que de adulta, poníanle trabajos
con una indumentaria desastrosa,
y una alpargatas con andrajos.
Cuando en aquel suplicio la chavala,
cumplió las 18 primaveras
de lucirse en el barrio tuvo gala,
cual se lucen las rosas tempraneras.
Bajita, y ni blanca ni morena,
no podía lucir más hermosura
con una pobladísima melena,
que ondulante pasaba su cintura.
Pero llegó Cupido con su flecha,
y no le concedió victoria alguna
y la tempranera rosa fue deshecha,
es un cielo de amores sin fortuna.
No pudo querer ni ser querida,
a pesar de sus dotes femeninas
y ya desconcertada por la vida,
no encontraba caminos sin espinas.
Y por sus vericuetos turbulentos,
encontrase un poeta cierto día
y ya desconcertada por la vida,
no encontraba caminos sin espinas.
Y por sus vericuetos turbulentos,
encontrarse un poeta cierto día
que lagrimas vertió de sentimientos,
al oír los desdenes que sufría.
Se contaron su historia mutuamente,
y echándole a los dos, gruesos borrones
se juraron trazar para el presente,
nueva senda para sus corazones.
El Poeta le dijo con ternura,
te juro que me da pena de verte
envuelta en tan triste desventura,
y tan abandonada por la suerte.
¡Deja ya de buscar con ansia inquieta,
un alma sin espina ni venenos
y ampárate en mi que soy poeta,
y todos los poetas somos buenos.
Aunque hayas obrado con excesos,
con las más pura Vírgenes te igualo
porque has repartido muchos besos,
y quien reparte besos nunca es malo.
Y a tu cansado amor le daré asilo,
en el gran paraíso de mi pecho
para que pueda reposar tranquilo,
curando tanto mal, como le han hecho.
Caricias y palabras cariñosas,
te habrán ofrecido pocas veces
sin duda te ofrecían otras cosas,
improperios, insultos y sandeces.
Si aceptas mi honesta compañía,
no volverás a oír frases ingratas
por que yo te hablaré en poesía,
y te acariciaré por serenatas.
Vivirás alegre y divertida,
y yo te cantaré cual trovador
lo hermosa que nos es siempre la vida,
cuando se ilumina con amor.
Y en tu pelo pondría una azucena,
engarzada con un silvestre lirio
anunciando el fin de la condena,
y anulando la ley de tu martirio.
Y me dedicaría a ofrecerte,
una amistad, cristiana y sincera
y mi dicha final fuera tenerte,
hasta cerrar mis ojos a mi vera.
No besaré tus labios como amante,
al pensar que por mi has hecho tanto
si se hace preciso algún instante,
te besaré la frente como a un Santo.
Estos preciosos verso que le escribe a esta Srª como amiga,
fuero hechos una vez que quedó viudo y en la soledad, que causa perder a su amor querido cuando mas falta le hace a la pareja.
José Sancho Rodríguez.
domingo, 3 de julio de 2011
CRUZ HEREDITARIA
LA CRUZ HEREDITARIA
Con su cruz hereditaria,
sigue acuesta el campesino
siempre por igual camino,
y con la misma plegaría.
Es la mas pesada cruz,
que soporta el ser humano
el oficio más cercano,
a la propia esclavitud.
Cual perpetuo penitente,
demuestra día tras día
ser, en el mundo creyente,
que en Dios, con más fe confía.
cuando por otoño en los surcos,
cubre la semilla
empieza a implorar a Dios,
aunque poco se arrodilla.
Sí como técnico experto,
a su profesión se a ferra
su futuro es tan incierto,
como el de los granos que entierra.
El que la tierra trabaja,
números, no puede hacer
la pérdida o la ventaja,
es difícil de prever.
Es el tiempo el que a su modo,
por providencial mandato
hecho se lo sirve todo,
lo lamentable y lo grato.
Y la pertinaz sequía,
ya, la escarcha o el pedrisco
esa meteorología,
hace cisco, su esperanza.
Su trabajo siempre es duro,
en invierno y en verano
sus benéficos inseguros,
y a veces todo es en vano.
Nunca la ayuda estatal,
puede ser lo suficiente
para mitigar el mal,
de tanta afectada gente.
Ni es, drama para el llanto,
ni parodia para risa
pero paciencia de santo,
el buen labriego precisa.
Y año tras año rogando,
ese héroe legendario
sigue su cruz arrastrando,
hacia su eterno calvario.
José Sancho Rodríguez.
Con su cruz hereditaria,
sigue acuesta el campesino
siempre por igual camino,
y con la misma plegaría.
Es la mas pesada cruz,
que soporta el ser humano
el oficio más cercano,
a la propia esclavitud.
Cual perpetuo penitente,
demuestra día tras día
ser, en el mundo creyente,
que en Dios, con más fe confía.
cuando por otoño en los surcos,
cubre la semilla
empieza a implorar a Dios,
aunque poco se arrodilla.
Sí como técnico experto,
a su profesión se a ferra
su futuro es tan incierto,
como el de los granos que entierra.
El que la tierra trabaja,
números, no puede hacer
la pérdida o la ventaja,
es difícil de prever.
Es el tiempo el que a su modo,
por providencial mandato
hecho se lo sirve todo,
lo lamentable y lo grato.
Y la pertinaz sequía,
ya, la escarcha o el pedrisco
esa meteorología,
hace cisco, su esperanza.
Su trabajo siempre es duro,
en invierno y en verano
sus benéficos inseguros,
y a veces todo es en vano.
Nunca la ayuda estatal,
puede ser lo suficiente
para mitigar el mal,
de tanta afectada gente.
Ni es, drama para el llanto,
ni parodia para risa
pero paciencia de santo,
el buen labriego precisa.
Y año tras año rogando,
ese héroe legendario
sigue su cruz arrastrando,
hacia su eterno calvario.
José Sancho Rodríguez.
jueves, 30 de junio de 2011
UNA GUAPA VANIDOSA
UNA GUAPA VANIDOSA.
Ya he descubierto mujer,
tu oculta filosofía
en verdad que no sabía,
que tanto sabes hacer.
Fácil te ha sido aprender,
lo esencial, en esta vida
te envidio por no tener,
mente tan encarecida.
Sabes ser ardiente y fría,
y sabes ser, mala y buena
sabes reírte de pena,
y sollozar de alegría.
Sabes captar simpatía,
y hacer realidad la idea
y defender tu valía,
de la mas fuerte manera.
Muy docta en disimular,
e impecable en el fingir
y especial para decir,
lo que quieres sin hablar.
Sabes en la iglesia orar,
hacia ti la oración barre
y en al escoba cabalgar,
camino del aquelarre.
Ególatra consumada,
petimetra discutida
blanco de toda mirada,
por razón desconocida.
Por un promiscuo sistema,
de propia modalidad
blanco de toda mirada,
por razón desconocida.
Por un promiscuo sistema,
de propia modalidad
te has ceñido una diadema,
de fama y felicidad.
Vives de exclusivo modo,
envidiosa y envidiada
y sabes algo de todo,
pero no eres diestra en nada.
Y cuando allá en Josafat,
te interrogue el Juez Supremo
tu causa será en extremo,
indigna de la piedad.
Aprender debes de paso,
que la belleza es un astro
que también tiene su ocaso,
y que apenas deja rastro.
José Sancho Rodríguez.
Ya he descubierto mujer,
tu oculta filosofía
en verdad que no sabía,
que tanto sabes hacer.
Fácil te ha sido aprender,
lo esencial, en esta vida
te envidio por no tener,
mente tan encarecida.
Sabes ser ardiente y fría,
y sabes ser, mala y buena
sabes reírte de pena,
y sollozar de alegría.
Sabes captar simpatía,
y hacer realidad la idea
y defender tu valía,
de la mas fuerte manera.
Muy docta en disimular,
e impecable en el fingir
y especial para decir,
lo que quieres sin hablar.
Sabes en la iglesia orar,
hacia ti la oración barre
y en al escoba cabalgar,
camino del aquelarre.
Ególatra consumada,
petimetra discutida
blanco de toda mirada,
por razón desconocida.
Por un promiscuo sistema,
de propia modalidad
blanco de toda mirada,
por razón desconocida.
Por un promiscuo sistema,
de propia modalidad
te has ceñido una diadema,
de fama y felicidad.
Vives de exclusivo modo,
envidiosa y envidiada
y sabes algo de todo,
pero no eres diestra en nada.
Y cuando allá en Josafat,
te interrogue el Juez Supremo
tu causa será en extremo,
indigna de la piedad.
Aprender debes de paso,
que la belleza es un astro
que también tiene su ocaso,
y que apenas deja rastro.
José Sancho Rodríguez.
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