lunes, 20 de octubre de 2014

LA ALEGRE PENA

      
  LA ALEGRE PENA.
 
 El lunes hago un soneto,
el martes una redondilla
el miércoles una quintilla,
y el jueves trazo un soneto.
 Viernes y sábado completo,
con una octava real
el flamante recital,
de poesía amorosa
con la que obsequio a mi esposa,
la fiesta dominical.
 Ella que peca de buena,
todos elegíos me hace
advierte que me complace,
y que de ilusión me llena.
 Pero yo advierto su pena,
y justa la considero
porque el copioso venero,
de aplaudibles poesías ,
no nos rinde muchos días
para poner el puchero.
 
 No tuvo la suerte poder vivir de lo que tanto
le gustaba.
                   José Sancho Rodríguez.

sábado, 18 de octubre de 2014

LA COLA DEL PAN 1950

         En la cola del pan..1.950.

        En la cola de los comedores.. 2.014

  No tengo ganas de hablar,
ni gusto para escribir
ni nada puedo callar,
ni nada quiero decir.
  Si dejo de ir desnuda,
la verdad a los cuatro vientos
varios seres, sin duda,
no van a quedar contentos.
  La diremos disfrazada,
respetable y decorosa,
y si no consigue nada,
otra vez será otra cosa.
  Es el asunto del pan,
el que ya nos ha colmado
después del poco que dan,
está siendo muy mal dado.
  El que responsable sea,
nos aprieta sin perdón
Diosa quiera que no se vea,
él, al pan de la ración.
  Y que recoja el dinero,
con la natural fatiga
al llegar al panadero,
ya no hay ración le diga.
  Y con sarcasmo notorio,
se le anda con rutina
le dice vea a Gregorio,
que es el dueño de la harina.
  Gregorio hombre prudente,
cree razonable el grito
y le aconseja al paciente,
vuelva a ver a Joseito.
  Uno tras otro se oculta,
y al que se queda dormido
casi siempre le resulta,
el tiempo y el pan perdido.
  Pero la otra mañana,
con razón la criatura
en la batalla se afana,
y a mil riesgo se aventura.
  Aquí para no perder,
el pan que Francisco endiña
hay que poner a la mujer,
igual que un gallo de riña.
  Sacarle uña y colmillo,
y la cabeza afeitada
y después desde el tobillo,
al pescuezo acorazada.
  Antes de que sea de día,
se ha de ir equipando
y formar la compañía,
en la calle tiritando.
  Y cuando suene el cerrojo,
pues casi siempre sucede
que cada cual a su antojo,
se mete por donde puede.

   Estos versos de antaño se van pareciendo a estos
mas modernos
                             José Sancho Rodríguez.




 



      
 

viernes, 18 de julio de 2014

EL PERRO ILUSTRE (AGUACERO)


    Habla el perro aguacero

 

Este perro de los años 40, se dirigió al Ayuntamiento para que le dieran una oportunidad para poder vivir, no como los de ahora que duermen en cunas y van vestidos por las calles

y comen todo lo que se le antoja, lean estos versos y verán que diferencia del 2.014 al 1.940.

 A quien sea el encargado,
de hacer esta perrería
con el respeto adecuado,
me dirijo en este día.

 Aunque resulta pequeño,
el nuevo arbitrio perral
ahora dice ni dueño,
que no me puede pagar.

 Y por el presente escrito,
respetuoso y atento
algún plazo solicito,
al Ilustre Ayuntamiento.

 Por mi nombre se lo juro,
que me cuesta una quincena
para salir del apuro,
y librarme de esta pena.

 Aunque tengo mal sonido,
y me encuentro pregonado
yo nunca a nadie he mordido,
y casi nunca he ladrado.

 Yo le furo por los palos,
que cada día me dan
que no soy de los más malos,
si me echaran algún pan.

 Pero mi dueño no amasa,
y como todo el que roba
si no me da las tenazas,
me da el mango de la escoba

 He cobrado ya tal fama,
que al verme dicen ¡alerta!
si no es la moza es el ama,
me prepara la entrepuerta.

 Y entre la puerta y el quicio,
e dan a uno un consejo
que hay que dejar el oficio,
o dejarse allí el pellejo.

 Por esa causa maldita,
desde que pasó el verano
no hago más que una visita
por la mañana temprano

 Y aunque no es la hora inoportuna,
hacer uno el recorrido
hay que tirarse en ayuna,
al campo como un bandido.

 Hay que tender el olfato,
y dar provisionalmente
con la gallina o el gato,
que es la presa más corriente.

 Hay que ir sin punto fijo,
hay que ir sin punto cierto
y de cortijo en cortijo,
buscando algún alimento.

 Y si se encuentra  un botín,
hay muchas contradicciones
nunca faltará un mastín,
que dé buenos revolcones.
 
De esta forma lo que pasa,
se corrompe el insten tino
y por la noche en la casa,
el olor no es el más fino.

 Aunque sufrido es mi dueño
como nunca esta tranquilo
tiene preparado un leño,
por si acaso me descarriló.

 Esta es una vida perra,
que a simple vista se advierte
aunque se yerra,
se aprecia más que la muerte.

 La otra mañana salí,
y rapiñé una tostada
pero al otro día fui,
victima de una emboscada.

 Conmigo se llevó a cavo,
una hazaña criminal
así me tenéis que el rabo,
no lo puedo enderezar.

 Pero en fin cosa de leña,
todo queda en las costillas
lo malo es que si usted se empeña,
en echarme una bolilla.

 Es bastante doloroso,
de que yo muera envenenado
pues más siendo tan provechoso,
como lo tengo aprobado.

 En un pueblo como este,
que si no fuera por mí
no podrián con el peste,
estar sentados aquí.

 Pero el pueblo ya lo sabe,
ni en invierno ni en verano
doy yo tiempo que al cadáver,
e a comentan los gusanos.

 Y lo útil que le soy,
a mujer poco hacendosa
siempre que a su casa voy,
he de hacerle alguna cosa.

 Limpio el plato y la salten,
el perol, la cacerola
y miro la olla también,
cuando la casa esta sola.

 Y si se ensucia el chiquillo,
ella misma me a porfía
pues le saco al suelo brillo,
quitando la porquería.

 Con que mire lo que hace,
el que sea el encargado
que un animal de mi clase,
debe ser respetado.

 Lea usten atento mi escrito,
y le daré gracias mil
y de plazo solicito,
hasta el 14 de Abril.

  José Sancho Rodríguez.

                                

jueves, 17 de abril de 2014

DIOS Y LOS HOMBRES


   Dios y los hombres

 Obrero que a trabajar,
te mandó Dios a la tierra
para de ella sacar,
cuantas riquezas encierra.

 Deja el trabajo un segundo,
seca el sudor de tu frente
y en lo que haces en el mundo,
piensa detenidamente.

 Piensa que mientras trabajas,
cumples preceptos cristianos
pero ves cual tus ventajas,
te arrebatan de las manos.

 Mira cual la mayor parte,
se suelen de dedicar
al sofisticado arte,
de vivir sin trabajar.

 Busca a Dios en las tinieblas,
donde lo esconde el egoísmo
encarna en ti su doctrina,
y harás un Dios, de ti mismo.

 Inmerso en el resplandor,
de su redentora luz
sentirás hasta el dolor,
que por ti, pasó en la Cruz.

 De cólera, harás, templanza,
y del orgullo, humanidad
del oído y de la venganza,
forjarás, la caridad.

 Y  si un ingrato te humilla,
y descargas tu furor
pondrá la otra mejilla,
cual lo hacía el redentor.

 Dirá el mundo que estás loco,
que sandeces vas haciendo
pero luego poco a poco,
tu obra, irá, comprendiendo.

 Mas nunca produzcas pan,
para el saludable hermano
que siendo esbirro holgazán,
presuma de ser cristiano.

 Es aventurado y grave,
considerarse  cristiano
tal virtud, casi no cabe,
en el corazón humano.

 ¿Quién renuncia al orgullo,
de la superioridad?
¿Quién no se duerme al arrullo
del lucro y la vanidad?.

 ¿Quién resiste la avaricia
que las bondades decena
y no guía la justicia
siempre por la puerta ajena?.

 Así Dios, esta ofendido,
aunque todo lo perdona
ver un cristiano fingido,
que degrada su persona.

 Esta disconforme y triste,
al contemplar que en la tierra
para los hombres existe,
también, la escuela de guerra.

 Y que a la gloria se llega,
predicando con metralla
y siendo un buen estratega,
en los campos de batalla.

 Y que el más sabio del mundo,
será en la posteridad
el que menos de un segundo,
destruya, la humanidad,

 El que invente el artefacto,
que contando hacia tras
pueda en un espacio exacto,
aniquilar lo demás.

 Mas esos sabios lo saben,
va en el Génesis, previsto
que cuando mueran no caven,
en el Reinado de Cristo.

 Pero a ellos no le importa,
ganar el descanso eterno
otra gloria los exhorta,
aunque bajen, al Averno.

 Ve con flagelante pena,
que el mundo, es el escenario
en el que sigue en escena,
la tragedia del calvario.

 Ve la tierra detentada,
del más arbitrario modo
unos, sin tener de nada,
otros sobrándole todo.

 Ve esta lucha sin perdón,
nacida bajo el inflijo
de la eterna colisión,
de la miseria y el lujo.

 Esa implacable tormenta,
que obra, de la paz, en nombre
y que el mismo hombre inventa,
para dominar al hombre.

 Esa salvaje clemencia,
que en olas intermitentes
hace acto de presencia,
por todos, los Continentes.

 Siembra la muerte iracunda,
polvoriza, las ciudades
y los ámbitos inunda,
de horror, y calamidades.

 Para la paz en Ginebra,
un Iris, fue levantado
y siempre el arco se quiebra,
también por lo más delgado.

 Será el eterno error,
querrá con guerra, acabar
se acabaría mejor,
muriendo, por no matar.

     Bonitos versos nos narra el Poeta Sancho, entre lo
    que Cristo quería para los obreros.

             José Sancho Rodríguez.