Historia de Casas Viejas, Cádiz.
Durante el mandato de Hazaña, un grupo de obreros del pueblo de Casas Viejas, capitaneados por un tal llamado el seis (dedos), suplicaron al Gobierno que todo el dinero que invertían en pagas indebidas deberían de damnificarlo en socorrer a miles de padres de familia campesinas que se morían de hambre. Contestación que tuvieron un escuadrón de guardias de asalto del Capitán Bojas, y al grito de tiros a la barriga.
No quiero ni presos ni heridos, por lo que se entabló un nutrido tiroteo entre los manifestantes y la fuerzas armadas.
Pero los manifestantes menos disciplinados y con menos medios de resistencia se guarecieron en una choza, la que pronto fue rodeada por los de asalto y como estos veían que los sitiados no se rendían le prendieron fuego y allí sucumbieron bajo el terror de las llamas.
Por esto José Sancho Rodríguez escribió lo que sigue.
Si Cristo resucitara,
dice nuestro director
el corazón le arrancara,
el sentimiento y el dolor.
Antes la tumba horrorosa,
de los honrados cristianos
que fueron en una choza,
quemados por sus hermanos.
Los quemaron vivos,
como en el infierno
siendo los motivos,
pedirle al Gobierno.
Al que no trabaja,
no se le debe de hacer
ninguna ventaja,
ni debe comer.
Hay tanto vago en la nación,
que él, eliminarlos quiere
por ellos mueren,
sin caridad ni perdón.
Estas leyendas son copiadas de unos cuadernos
que tenía un amigo de Sancho de los años cuando
en España era Republicana de cuyo cuaderno
amarillento del tiempo recopilo todos estos relato
tan impresionantes.
José Sancho Rodríguez.
viernes, 23 de marzo de 2012
viernes, 17 de febrero de 2012
CAMINO DE MI CABAÑA
Camino de mi cabaña,
un día tras otro día
voy viviendo la agonía,
del campo de nuestra España.
Una sensación extraña,
del alma se me apodera
ser del campo no quisiera,
para no verlo morir
puse siempre da que sufrir
la muerte que no se espera.
Pena me da del paisaje,
que en nuestros campos existe
tan melancólicos y triste,
como la jungla salvaje.
Ha terminado el rodaje,
del mundo documental
que desde fecha ancestral
cultivando el propio suelo
cuidaba con sacro anhelo
el consorcio laboral.
Las viviendas en ruinas,
los huertos crían zarzales
todo causa las señales
de un pasado que declina.
Esta tierra la gran mina,
de donde todo previene
tan olvidada se tiene,
que horroriza de pensar
si se volverá a ordenar
después de que se desordene.
Estos caminos que humanas,
huellas, hoy no dejan de ver
las rutas fueron ayer
de nutridas caravanas.
De yuntas que a las besanas,
sendos mozos conducían
que cantaban y reían
trabajando con tensón,
en la honrosa profesión
a que unidos se sentían.
Esos mozos que la aurora,
fue en su jornada el reloj
sueltan la yunta y la hoz,
y emigran del campo ahora.
Tras un futuro que ignora,
la esperanza reconcentra
y en las ciudades se adentran,
como nave a la deriva
y una retributiva
compensación nunca encuentra.
No son muy alentadores,
los vaticinios agrarios
ante estos solitarios,
campos sin agricultores.
¿Ya vendrán tiempos mejores?
el “Zurzan Corda” lo haga
pero tanto se propagó
que ya la opinión no oculta,
que el silogismo resulta
una teoría vaga.
Falla la Filosofía,
y el técnico el examen
el campo gira dictamen,
de la meteorología.
Exige, ruda porfía,
y constante sacrificio
estar siempre a su servicio,
sin cronómetro en la mano
y el tiempo siempre tirano
es quien marca el beneficio,
Por lo tanto el campesino,
por bien que administre y obre
será el hermano pobre,
porque lo manda el destino.
Propietario o inquilino,
sufren los mismos pesares
y quieren que sus hogares
los descensos al frenen,
con letras vencidas tiene
que hacer juegos arrabales.
Esta es la radiografía,
que de los campos de España
camino de mi cabaña,
obtengo día tras día.
Onírica obsesión mía,
sea esta vulgar leyenda
pasen, yuntas por la senda
vuelva al campo aquel concierto,
labrase de nuevo el huerto
y blanquee la vivienda.
Y esta tierra que padece,
de sus hijos el desdén
reciba de nuevo el bien,
que como madre merece.
Y quien el sudor le ofrece,
y en ella encuentra alegría
tenga alguna más valía
y no este considerado
como el último soldado
que forma la compañía.
Advierte un viejo refrán,
que casi no admite error
que si un buen labrador,
no existe un buen capitán.
Si los primeros se van,
y los segundos se quedan
cuando a organizar procedan
lamentarán sus errores
por que hacer agricultores
por serie quizá no puedan.
No me extraña que al paso que vamos pueda
ocurrir en España lo que nos narra el Poeta Sancho, en
estos maravilloso verso.
martes, 31 de enero de 2012
CORAZÓN TRAICIONERO
Me lo decían la gente,
pero yo no lo creía
es verdad que la tenía,
por una mujer decente.
La quería desde niño,
y nunca pude dudar
porque siempre mi cariño,
tuvo en su pecho un altar.
Mi familia y mis amigos,
creí que la calumniaban
cuando escenas me contaban,
de los que fueron testigos.
Todo creí que era envidia,
de lenguas de doble filo
no creí que tal perfidia,
tuviera en su pecho asilo.
Pero un día, que ausente me creía,
y la espié vigilante
en los brazos del amante,
la sorprendí en plena orgía.
Nunca pude presentir,
que pudiera un corazón
ocultar tanta traición,
y tan falso amor fingir.
Ni me expreso, como llega a tanto exceso,
una mujer infiel
que tan distinto papel,
hace con un mismo beso.
Otro cualquiera en mi caso,
no sé lo que hubiera hecho
yo sin alterar el paso,
proseguí muy satisfecho.
José Sancho Rodríguez.
viernes, 20 de enero de 2012
ACCIDENTE SABROSO
En la baja Andalucía,
hay una cierta región
que cría cierto melón,
y la sabrosa sandía.
Por tradición ancestral,
hace el dueño del montaje
con rastrojos y ramajes,
su albergue provisional.
En él, como un centinela,
el Guarda pasa el verano
allí duerme y allí vela,
allí está tarde y temprano.
La esposa cada mañana,
le lleva el yantar del día
y sea joven o anciana,
nunca le da compañía.
y en tal aislacionismo,
un guarda desaprensivo
ocasionó el cataclismo,
que en estos versos describo.
Es el campo un escenario,
con bambalinas de gramas
pero en él casi a diario,
se da un pintoresco drama.
Cierta mañana la “Eva”,
iba algo transparente
con “Adán” la poma prueba,
y los tentó la serpiente.
Según declara un vecino,
que pasó por el lugar
vio como un remolino,
la choza hiciera temblar.
Quedó algo sorprendido,
y el caso por cuenta toma
viendo que en acto seguido,
el albergue se desploma.
Cuando llegó el transeúnte,
alzó el rastro y rama
sin comentario ni apunte,
volvió el rostro al ver el drama.
la choza baja y estrecha,
de frágiles armazones
no pudo aguantar la marcha,
de tan fuertes convulsiones.
Dícese que con los píes,
derribaron un puntal
y todo se hundió después,
en el momento crucial.
En aquel melifluo oasis,
junto marido y esposa
quedaron en pleno éxtasis,
como rata bajo losa.
Para aquellos lectores que no conocieron esa época, lo describen estos versos.
José Sancho Rodríguez.
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