UNA PASIÓN INFINITA
Me han dicho que el otro día,
camino de las ermitas
deshojando margaritas,
por saber si te quería.
No te basta vida mía,
con que yo te lo repita
o es que tiene más valía,
para ti, una margarita.
Deja el anticuado mito,
de consultar una flor
por saber si es un amor,
limitado o infinito.
Pues sin ser un erudito,
ni un Eros, investigador
en cuanto de él se ha escrito,
está presente el error.
Basándome en la experiencia,
que es la Cátedra Suprema
te expondré en este poema,
sobre el amor, mi creencia.
A la vuelta de una esquina,
con un amor se trompiza
que se sabe donde empieza,
pero no, donde termina.
Nadie su curso imagina,
ni puede tener certeza
si de azahar o de espinas,
coronará, su cabeza.
Mas, es cosa comprobada,
que puede ser verdadero
cualquier amor inclusero
que ha nacido de la nada.
Que nace de una mirada,
o de un “Adiós” lisonjero
que en una hora adecuada,
cruzó por nuestro sendero.
Hay amor planificado,
producto del interés
que puede verse después,
por el diablo tentado.
Y hay amor apasionado,
el que indisoluble es
que florece inmaculado,
entre revés y revés.
Y hay otro amor ideal,
y de uso muy frecuente
al que le llaman la gente,
el amor convencional.
Que sin ser sentimental,
y se uso muy frecuente
si un apaño conyugal,
se desea en plazo urgente.
Pues ya lo sabes mujer,
un amor, doquiera nace
pero infinito se hace,
cuando se le sabe hacer.
Así, aprende a querer,
y dejas las margaritas
porque tu amor debilitas
y si a querer bien no aprendes,
ya, en ningún amor enciendes
una pasión infinita.
Bonitos versos de amor para los que empiezan a enamorar.
José Sancho Rodríguez.
martes, 4 de octubre de 2011
viernes, 30 de septiembre de 2011
LOS DICTADORES
LOS DICTADORES.
Suena un eco que se espacia,
por los poblados y alcores
de ¡arriba la democracia!
y ¡abajo los dictadores!.
Y siguen ciertos señores,
tapándose los oídos
y en sus puestos convertidos,
en monstruos dictatoriales
y de bienes comunales
libremente poseídos.
Y por toda la Galaxia,
suena el eco en las alturas
de ¡arriba la democracia!
y ¡abaja la dictadura!.
Y siguen ciertas figuras,
su obra dictatorial
firme en su pedestal,
los poderes usurpando
y a su albedrío medrando
de forma discrecional.
Pero los ecos en voz,
firmemente acusadora
se transforman y el reloj,
sigue marcando la hora.
El dictador no la ignora,
pero no está satisfecho
y prosigue el sordo hecho,
con el pueblo en desafío
mientras del revuelto río
pesca el máximo provecho.
Los ecos se hacen voz,
y la voz se hace grito
que se dispara veloz,
por el espacio infinito.
El dictador ya constrictor,
empieza a sufrir el gesto
se va sintiendo molesto,
porque empieza a olfatear
que se le puede acabar
ser dueño de un presupuesto.
Los gritos, allá en la altura,
los fue el tiempo trasformando
en odio que fue sitiando,
a más de una dictadura.
Una explosiva conjura,
hizo saltar al vacío
al tirano poderío,
que en defensa de su trono
consistió que por su encono
llegara la sangre al río.
Persia, Uganda y Nicaragua,
hicieron de sus caudillos
yunques de la misma fragua,
donde fueron los martillos.
No sériale preciso,
llegar a tan alto yerro
ni esperar que el paraíso
se convirtiera en destierro.
Pero así, dispuesto está,
poco acaba como empieza
son lecciones que nos da
la sabia Naturaleza.
José Sancho Rodríguez.
Suena un eco que se espacia,
por los poblados y alcores
de ¡arriba la democracia!
y ¡abajo los dictadores!.
Y siguen ciertos señores,
tapándose los oídos
y en sus puestos convertidos,
en monstruos dictatoriales
y de bienes comunales
libremente poseídos.
Y por toda la Galaxia,
suena el eco en las alturas
de ¡arriba la democracia!
y ¡abaja la dictadura!.
Y siguen ciertas figuras,
su obra dictatorial
firme en su pedestal,
los poderes usurpando
y a su albedrío medrando
de forma discrecional.
Pero los ecos en voz,
firmemente acusadora
se transforman y el reloj,
sigue marcando la hora.
El dictador no la ignora,
pero no está satisfecho
y prosigue el sordo hecho,
con el pueblo en desafío
mientras del revuelto río
pesca el máximo provecho.
Los ecos se hacen voz,
y la voz se hace grito
que se dispara veloz,
por el espacio infinito.
El dictador ya constrictor,
empieza a sufrir el gesto
se va sintiendo molesto,
porque empieza a olfatear
que se le puede acabar
ser dueño de un presupuesto.
Los gritos, allá en la altura,
los fue el tiempo trasformando
en odio que fue sitiando,
a más de una dictadura.
Una explosiva conjura,
hizo saltar al vacío
al tirano poderío,
que en defensa de su trono
consistió que por su encono
llegara la sangre al río.
Persia, Uganda y Nicaragua,
hicieron de sus caudillos
yunques de la misma fragua,
donde fueron los martillos.
No sériale preciso,
llegar a tan alto yerro
ni esperar que el paraíso
se convirtiera en destierro.
Pero así, dispuesto está,
poco acaba como empieza
son lecciones que nos da
la sabia Naturaleza.
José Sancho Rodríguez.
miércoles, 28 de septiembre de 2011
LOS TIEMPOS MANDAN
EL TIEMPO MANDA.
En la misma plazuela,
donde me senté un día
con mi madre y abuela,
con mí prima y mí tía.
Siénteme esta mañana,
entre bambalina
con mí esposa y mí hermana,
mí hija y mí sobrina.
Unos cuarenta años,
median de fecha en fecha
de cambios tan extraños,
jamás tuve sospecha.
A mí madre y a mí abuela,
sirva de precedente
del zapato la suela,
verte, no era corriente.
Con sus faltas talares,
cumplían sus deberes
sin visitar lugares,
impropios de mujeres.
Mí esposa y mí hermana,
mí hija y mí sobrina
a cual más casquivana,
por la moda se inclinan.
Minifalda y escote,
y todo a la intemperie
le resulta un azote,
a un hombre de mí serie.
Si los curiosos miran,
de forma procantiva
las falditas se estiran,
y vuelve irse arriba.
Porque siendo inmortal,
a todos ver nos gusta
un pecho escultural,
y una pierna robusta.
Mí señora se extiende,
en consideraciones
y sus tesis defiende,
con dialécticos dones.
Dice que esto le pasma,
que antes la mujer
vestía de fantasma,
sin encanto a ofrecer.
En verdad que no me halaga,
su erótica leyenda
ni me gusta que haga,
la somática ofrenda.
Mí hermana y mí sobrina,
marchan a viento en popa
si triunfa su doctrina,
se ahorraran la ropa.
¿OH tiempo incontenible?
a tu paso me inclino
y en este loco mundo,
como a un dios te imagino.
Segundo tras segundo,
me iré con tu carrera
y en este loco mundo.
sea lo que Dios quiera.
Si el poeta Sancho viviera hoy escribiría
estos versos, los tiempos se van y quedan sus recuerdos.
José Sancho Rodríguez.
En la misma plazuela,
donde me senté un día
con mi madre y abuela,
con mí prima y mí tía.
Siénteme esta mañana,
entre bambalina
con mí esposa y mí hermana,
mí hija y mí sobrina.
Unos cuarenta años,
median de fecha en fecha
de cambios tan extraños,
jamás tuve sospecha.
A mí madre y a mí abuela,
sirva de precedente
del zapato la suela,
verte, no era corriente.
Con sus faltas talares,
cumplían sus deberes
sin visitar lugares,
impropios de mujeres.
Mí esposa y mí hermana,
mí hija y mí sobrina
a cual más casquivana,
por la moda se inclinan.
Minifalda y escote,
y todo a la intemperie
le resulta un azote,
a un hombre de mí serie.
Si los curiosos miran,
de forma procantiva
las falditas se estiran,
y vuelve irse arriba.
Porque siendo inmortal,
a todos ver nos gusta
un pecho escultural,
y una pierna robusta.
Mí señora se extiende,
en consideraciones
y sus tesis defiende,
con dialécticos dones.
Dice que esto le pasma,
que antes la mujer
vestía de fantasma,
sin encanto a ofrecer.
En verdad que no me halaga,
su erótica leyenda
ni me gusta que haga,
la somática ofrenda.
Mí hermana y mí sobrina,
marchan a viento en popa
si triunfa su doctrina,
se ahorraran la ropa.
¿OH tiempo incontenible?
a tu paso me inclino
y en este loco mundo,
como a un dios te imagino.
Segundo tras segundo,
me iré con tu carrera
y en este loco mundo.
sea lo que Dios quiera.
Si el poeta Sancho viviera hoy escribiría
estos versos, los tiempos se van y quedan sus recuerdos.
José Sancho Rodríguez.
sábado, 24 de septiembre de 2011
LA LABRIEGA
Mujer que conocí una mañana,
revolviendo gavillas en una era
y al verte tan labriega y tan serrana,
en ti, me dejé el alma prisionera.
Tú, eras más, una espiga rubia,
exhibiendo también fecundos granos
dorados por el sol y por la lluvia,
germinando, deseos soberanos.
Y como en torno al sol, gravita el astro,
a distancia y tiempo indefinido
en silencio seguí siempre su rastro,
y en silencio, queriéndote he vivido.
Cuando la espiga rubia dio su fruto,
el día para mí, más venturoso
algo imprevisible y resoluto,
tornó en inquietud aquel reposo.
Volvió a sumergir mi pensamiento,
en los mares del tiempo y la distancia
y, otra vez para ti, su verso escancia.
Cuando el cielo de sombra se revista,
y la noche callada tiende el manto
otra vez me pregunto solo y trise,
¿por qué me acordaré de ella tanto?.
Dirás que todo es romanticismo,
dirás que quiero darme de poeta
pero yo te diré siempre lo mismo,
que eres la mujer que más me inquieta.
Dirás que todo son cuentos de Eros,
que de vulgar Tenorio son arrullos
pero yo te diré que no prefiero,
de recordar más besos que los tuyos.
Y siempre te diré que no comprendo,
el porque diferente a otra mujeres
te tengo que seguir siempre creyendo,
si una hija más de Eva eres.
Y es, que eres tú quien ha creado,
de mi vida las más felices horas
y la imaginación me has sustentado,
con el efluvios de noches soñadoras.
Y auque jamás tu olvido se despierte,
escrito ya, con mano temblorosa
estos versos mujer quiero ofrecerte,
para que esté de ti, más orgullosa.
No me importa si me recuerdas hoy,
ni me importa saber, si me has querido
para seguir diciéndote que soy.
el hombre que pensando en ti ha vivido.
Bonitos versos de amor que narra el Poeta Sancho
en la mujer que pensando en ella ha vivido.
José Sancho Rodríguez.
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