INTRODUCCIÓN
Quiero un libro escribir,
y soy un jubilado campesino
Musas, venir, venir,
y alumbrar mi camino
e inspirar, a este errante peregrino.
Por suerte desde niño,
en los agrestes campos he vivido
y, es verdad que cariño,
por el campo he sentido
y en él, la juventud he consumido.
Soy de la Poesía,
un fiel y perpetuo enamorado
que en contumaz porfía,
viviendo he alterado
con la pluma, la hoz y el arado.
A labrar elusiones,
aprendí de los clásicos Poetas
triturando renglones,
y midiendo cuartetas
aunque nunca, cual ellos, de completas.
Es demasiado estrecho,
el predio de mi campo cultural
y de él, no cosecho,
el áureo material
del que se hacen los versos de cristal.
Mí lírica no brilla,
carece de pedantes resplandores
es de arena y arcilla,
de espinas y de flores
de alegrías ,y tristeza sin sabores.
Eso es, cuanto de paso,
del olvidado campo he recogido
y al divisar mi ocaso,
el deseo he sentido
de un libro dejarlo reunido.
Aunque no tenga el brillo,
ni el fondo natural de un libro bueno
su léxico sencillo,
y de verdades lleno
lo pueden convertir, en libro ameno.
No uso el verso suelto,
ni el libre blanco que hoy se usa
ni el pensamiento envuelto,
me agrada en esa Musa
semiactracta , etérea y confusa.
Quiero el verso sujeto,
a la Métrica exacta en todo instante
de sentido concreto,
de agudo consonante
aunque deje de estar tan elegante.
Todo mi ser confiesa,
que escribir una obrita en poesía
es una ardua empresa,
una monomanía
que de moda se ha puesto hoy en día.
Le pediré ayuda,
a las cosas del campo que conmigo
han vivido, y sin duda,
saben lo que persigo
y de mis vagos sueños, son testigos.
Pájaros voladores,
ingrávidas e ingenuas mariposas
inmaculadas flores,
corrientes numerosas
que supisteis decirme tantas cosas.
También vendrán las Musas,
que tienen como templo, el helicón
ellas que tan difusas,
y tan pródigas son
harán realidad, esta ilusión.
La sabia providencia,
su hospitalaria puerta me irá abriendo
y a la benevolencia,
del lector me encomiendo
y a la dicha de Dios, sigo escribiendo.
José Sancho Rodríguez
martes, 23 de agosto de 2011
lunes, 22 de agosto de 2011
SEÑOR CAMPESINO
SEÑOR CAMPESINO
Señor campesino,
que triste es tu suerte
vale tu destino,
menos que la muerte.
De tregua, a tu lucha,
no tiene un segundo
y que poco escucha,
tus quejas el mundo.
La tuya es la marcha,
del héroe bizarro
por fuego y escarchas,
por polvo y por barro.
Llevas la bandera,
puesta por sudario
no sabes siquiera,
quien es tu adversario.
Marcada el emblema,
te deja en la frente
el sol que la quema,
del verano ardiente.
Por tu rostro humano,
el de la oficina
tu origen villano,
fácil adivina.
A veces la tierra,
tu humilde ignorancia
te increpa y te grita,
con intemperancia.
A todo se atreve,
el culto sujeto
que tanto te debe,
piedad y respeto.
Pues sin ese bulto,
que eres a su lado
él, no fuera culto,
y privilegiado.
Porque tú sudando,
a la Madre Tierra
le vas arrancando,
la vida que encierra.
Pues ni el pan ni el oro,
del cielo nos cae
la gloria es tesoro,
que de ella se extrae.
Por eso mereces,
el simple favor
de que algunas veces,
TE LAMEN SEÑOR.
José Sancho Rodríguez.
Bonitos versos a los trabajadores
del campo.
Señor campesino,
que triste es tu suerte
vale tu destino,
menos que la muerte.
De tregua, a tu lucha,
no tiene un segundo
y que poco escucha,
tus quejas el mundo.
La tuya es la marcha,
del héroe bizarro
por fuego y escarchas,
por polvo y por barro.
Llevas la bandera,
puesta por sudario
no sabes siquiera,
quien es tu adversario.
Marcada el emblema,
te deja en la frente
el sol que la quema,
del verano ardiente.
Por tu rostro humano,
el de la oficina
tu origen villano,
fácil adivina.
A veces la tierra,
tu humilde ignorancia
te increpa y te grita,
con intemperancia.
A todo se atreve,
el culto sujeto
que tanto te debe,
piedad y respeto.
Pues sin ese bulto,
que eres a su lado
él, no fuera culto,
y privilegiado.
Porque tú sudando,
a la Madre Tierra
le vas arrancando,
la vida que encierra.
Pues ni el pan ni el oro,
del cielo nos cae
la gloria es tesoro,
que de ella se extrae.
Por eso mereces,
el simple favor
de que algunas veces,
TE LAMEN SEÑOR.
José Sancho Rodríguez.
Bonitos versos a los trabajadores
del campo.
TIERRA PRESTADA
TIERRA PRESTADA.
Cuando la cosecha congela,
la tierra baja a la umbría
y la gélida avefría,
gozosa cantando vuela.
Cuando hasta el aliento hiela,
ese cierzo extrapolar
deja el labriego su hogar,
y prosigue su faena
aunque nadie se lo ordena,
él, tiene, se tiene que ordenar.
Y cuando el sol veraniego,
hace la tierra una hoguera
y del cielo cae fuego,
cual si el firmamento ardiera.
El labriego no se altera,
y prosigue la jornada
al nacer con el destino,
de indigente campesino
(labrando tierra Prestada).
José Sancho Rodríguez.
Cuando la cosecha congela,
la tierra baja a la umbría
y la gélida avefría,
gozosa cantando vuela.
Cuando hasta el aliento hiela,
ese cierzo extrapolar
deja el labriego su hogar,
y prosigue su faena
aunque nadie se lo ordena,
él, tiene, se tiene que ordenar.
Y cuando el sol veraniego,
hace la tierra una hoguera
y del cielo cae fuego,
cual si el firmamento ardiera.
El labriego no se altera,
y prosigue la jornada
al nacer con el destino,
de indigente campesino
(labrando tierra Prestada).
José Sancho Rodríguez.
domingo, 21 de agosto de 2011
MARGARITA
MARGARITA
Tienes nombre de una flor,
que igual consuelo y enojas
a quien duda de un amor,
y sus pétalos deshoja.
Tienes néctar como ella,
melifluo aroma respiras
tus miradas son centellas,
que traspasa a quien miras.
Siempre, margaritas cojo,
cuando me acuerdo de ti
y aunque nunca las deshojo,
las beso con frenesí.
Y voy levantando al andar,
lo que hay sobre el camino
porque no quiero pisar,
ese nombre tan divino.
Lo que un día en un sobre,
y lo levó una paloma
que en una fuente salobre,
por costumbre el agua toma.
Cando a la fuente volvió,
Margarita, no te asombres
el agua dulce encontró,
por el dulzor de tu nombre,
sin embargo para él,
tiene dulce hasta el nombre.
Bonito poema de amor para los enamorados.
José Sancho Rodríguez.
Tienes nombre de una flor,
que igual consuelo y enojas
a quien duda de un amor,
y sus pétalos deshoja.
Tienes néctar como ella,
melifluo aroma respiras
tus miradas son centellas,
que traspasa a quien miras.
Siempre, margaritas cojo,
cuando me acuerdo de ti
y aunque nunca las deshojo,
las beso con frenesí.
Y voy levantando al andar,
lo que hay sobre el camino
porque no quiero pisar,
ese nombre tan divino.
Lo que un día en un sobre,
y lo levó una paloma
que en una fuente salobre,
por costumbre el agua toma.
Cando a la fuente volvió,
Margarita, no te asombres
el agua dulce encontró,
por el dulzor de tu nombre,
sin embargo para él,
tiene dulce hasta el nombre.
Bonito poema de amor para los enamorados.
José Sancho Rodríguez.
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