Yo soy de aquellas gente que arrastraba cadenas,
riendo alegremente por no llorar sus penas.
Curtido por el frío y el calor natural,
por el sol del estío y la brisa invernal.
Cargados de trabajo, ligero de alimentos,
vestido con andrajos y arando con jumentos.
De aquellos pobres seres que no usaban reloj,
que a hijos y mujeres jamás veía con el sol.
Yo soy de aquella gente del pretérito oscuro,
del injusto presente y el dudoso futuro.
José Sancho Rodríguez.
sábado, 23 de julio de 2011
viernes, 22 de julio de 2011
EL JARDINERO INFIEL
EL JARDINERO INFIEL.
Hoy que tengo el pensamiento,
a tono con la memoria
te voy a contar un cuento,
que tiene sabor de historia.
Es una historia que gira,
en torno a la realidad
pero puede ser mentira,
como puede ser verdad.
No siendo cuento instructivo,
instruye su moraleja
a todo desaprensivo,
que de su deber se aleja.
Era pues, un jardinero,
muy activo y muy fiel
y que siempre su vergel,
fue para él, lo primero.
La vida le sonreía,
en su mini, paraíso
pero la serpiente un día,
lo tentó, porque Dios quiso.
Y el presunto pecador,
de concupiscencia lleno
se enamoró de una flor,
de otro jardín ajeno.
Y de ella se ilusiona,
y sin reparar el daño
y el vergel propio abandona,
por cultivar el extraño.
Y su rosa favorita,
languidece y se desploma
y sin colores ni aroma,
poco a poco se marchita.
La rosa que él prefería,
aprovecha la aventura
con sus espinas lo hiere,
y con su aroma lo cura.
Cando su sueño dorado,
pudo hacerse realidad
fue deshecha por hado,
tan cara felicidad.
En alas de su destino,
viola un día de partir
tan incierto camino,
que no lo pudo seguir.
Y arrepentido de todo,
triste, volvió a su vergel
donde recibió el apodo,
de jardinero infiel.
José Sancho Rodríguez.
Hoy que tengo el pensamiento,
a tono con la memoria
te voy a contar un cuento,
que tiene sabor de historia.
Es una historia que gira,
en torno a la realidad
pero puede ser mentira,
como puede ser verdad.
No siendo cuento instructivo,
instruye su moraleja
a todo desaprensivo,
que de su deber se aleja.
Era pues, un jardinero,
muy activo y muy fiel
y que siempre su vergel,
fue para él, lo primero.
La vida le sonreía,
en su mini, paraíso
pero la serpiente un día,
lo tentó, porque Dios quiso.
Y el presunto pecador,
de concupiscencia lleno
se enamoró de una flor,
de otro jardín ajeno.
Y de ella se ilusiona,
y sin reparar el daño
y el vergel propio abandona,
por cultivar el extraño.
Y su rosa favorita,
languidece y se desploma
y sin colores ni aroma,
poco a poco se marchita.
La rosa que él prefería,
aprovecha la aventura
con sus espinas lo hiere,
y con su aroma lo cura.
Cando su sueño dorado,
pudo hacerse realidad
fue deshecha por hado,
tan cara felicidad.
En alas de su destino,
viola un día de partir
tan incierto camino,
que no lo pudo seguir.
Y arrepentido de todo,
triste, volvió a su vergel
donde recibió el apodo,
de jardinero infiel.
José Sancho Rodríguez.
viernes, 15 de julio de 2011
AMOR BORRASCOSO
AMOR BORRASCOSO. (SONETO)
Ella que sin llamarme me llamaba,
y yo que sin oírla la sentía
ella que sin quererme me quería,
y yo que sin quererla la adoraba.
Ella que en mis promesas aún dudaba,
y yo que en las suyas no creía
ella que sin buscarme me seguía,
y yo que sin seguirla, la encontraba.
Así, aún pareciéndome un crucigrama,
se fue purificando entre sus llamas
una pasión sin nombre, e inclusera.
Que nació del mundo de la nada,
hoy a nuestra existencia vinculado
es como la pasión más verdadera.
José Sancho Rodríguez.
Ella que sin llamarme me llamaba,
y yo que sin oírla la sentía
ella que sin quererme me quería,
y yo que sin quererla la adoraba.
Ella que en mis promesas aún dudaba,
y yo que en las suyas no creía
ella que sin buscarme me seguía,
y yo que sin seguirla, la encontraba.
Así, aún pareciéndome un crucigrama,
se fue purificando entre sus llamas
una pasión sin nombre, e inclusera.
Que nació del mundo de la nada,
hoy a nuestra existencia vinculado
es como la pasión más verdadera.
José Sancho Rodríguez.
jueves, 14 de julio de 2011
SIEMPRE ME DICES MAÑANA
SIEMPRE ME DICES MAÑANA
La luna, aunque en menguante,
daba su luz soberana
y un subido rojo grana,
imprimía en su semblante.
Emprendimos el viaje,
por un lóbrego camino
y en tu rostro cristalino,
reflejabase el paisaje.-
De la tupida entramada,
al hondo desfiladero
me imaginé un bandolero,
que raptada te llevaba.
Descendimos hasta el río,
como un espiral
y un silencio sepulcral,
imperaba en el vacío.
¡OH sabia naturaleza!
¡OH, suprema maravilla
¿quién ante tanta belleza
meditando no se humilla?.
¿A quien no le anega el alma,
de sublimes sentimientos
esa halagadora calma,
de tan altos elementos?.
El río brindaba la mente,
su acuática sinfonía
y la luna se perdía,
allá por el horizonte.
No sé si fue lucidez
o herético desvarío
la luna, el monte y el río,
me incitaban a la vez.
Detuve la caravana,
del valle, en lo más espeso
y volví a darte un beso,
en tu mula jerezana.
Viéndome escalar tu altura,
en contumaz desafío
¡déjame que tengo frió,
dijiste con amargura!.
Pero habiendo coincidido,
en esta aventura humana
¿por qué si un beso te pido,
siempre me dices mañana?.
Bonito versos de amor.
José Sancho Rodríguez.
La luna, aunque en menguante,
daba su luz soberana
y un subido rojo grana,
imprimía en su semblante.
Emprendimos el viaje,
por un lóbrego camino
y en tu rostro cristalino,
reflejabase el paisaje.-
De la tupida entramada,
al hondo desfiladero
me imaginé un bandolero,
que raptada te llevaba.
Descendimos hasta el río,
como un espiral
y un silencio sepulcral,
imperaba en el vacío.
¡OH sabia naturaleza!
¡OH, suprema maravilla
¿quién ante tanta belleza
meditando no se humilla?.
¿A quien no le anega el alma,
de sublimes sentimientos
esa halagadora calma,
de tan altos elementos?.
El río brindaba la mente,
su acuática sinfonía
y la luna se perdía,
allá por el horizonte.
No sé si fue lucidez
o herético desvarío
la luna, el monte y el río,
me incitaban a la vez.
Detuve la caravana,
del valle, en lo más espeso
y volví a darte un beso,
en tu mula jerezana.
Viéndome escalar tu altura,
en contumaz desafío
¡déjame que tengo frió,
dijiste con amargura!.
Pero habiendo coincidido,
en esta aventura humana
¿por qué si un beso te pido,
siempre me dices mañana?.
Bonito versos de amor.
José Sancho Rodríguez.
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