martes, 20 de septiembre de 2011

VIVIR SOÑANDO

VIVIR SOÑANDO


No miento cuando digo,
que he vivido soñando
este libro es testigo
que muy de cuando en cuando
he vivido normal
y descansando.

Esta onírica vida,
el lego y el experto
la cree enrarecida,
pero en fin es lo cierto
que viviendo
también soñó despierto.

De tal realidad,
muchos no se aperciben
pero cuando en verdad,
discursean y escriben
demuestra que también
soñando viven.

Con entusiasmo enorme,
voy cantando a la vida
no del todo conforme
por la contrapartida,
que apenas
merece ser vivida.

Pero siempre le canto,
porque la encuentro bella
con su risa y su llanto
todo me admira en ella,
porque aquí cada cual
tiene su estrella.

El Todopoderoso,
ni premia ni castiga
y aún sin ser más dichoso
aquél que más castiga,

a conseguir aún más
la vida obliga.

Existencia dolida,
la que desde pequeño
se tiene sostenida
en el hilo de un ensueño,
por que se ha fracasado
en un empeño.

Ilumina la frente,
una gentil locura
que el pasado y presente
llena de luz futura,
pero nada risueño
nos augura.

Se sueña y se delira,
por la anhelada idea
y soñando se aspira
a que realidad sea,
el deseo que sombra
nos rodea.

Y cuando el alma duerme,
en la noche callada
como un fantasma inerme
la idea fracasada,
y su víctima
sigue como hada.

Así yo, paso a paso,
camino por el mundo
arrastrando el fracaso
y el pesar más profundo,
por no ser
un poeta más fecundo.

Pero feliz me creo,
porque el arte cultivo
porque sueño al deseo
y lo que sueño escribo,

y así, declaro “que”
¡soñando vivo!


José Sancho Rodríguez.

martes, 13 de septiembre de 2011

LA CULPA A QUIEN NO LA TIENE.

CULPA A QUIEN NO LA TIENE


Mucho se habla y se escribe,
de las cosas de la vida
porque hacerlas nos prohíbe,
cada cosa a su medida.

Cada cual a su acomodo,
vive como le conviene
luego la culpa de todo,
la sufre quien no la tiene.

¿Qué culpa tiene la vida,
que los débiles mortales
seamos tan especiales
en hacerla enrarecida?
¡Qué culpa tiene la vida!.

¿Qué culpa tiene la Tierra,
si en vez de dar pan y flores
da, miserias y rencores,
odios, envidias y guerra?
¡Qué culpa tiene la Tierra!.

¿Y qué culpa tiene el vino,
que la cabeza más cuerda
así, la vergüenza pierdas
cuando lo bebe sin tino?
¡Y qué culpa tiene el vino!.

¿Qué culpa tiene el ladrón,
desde el mismo Barrabás
de que todo los demás
tengan la misma opinión?
¡Qué culpa tiene el ladrón!

¿Qué culpa tiene la leche,
que el dueño sea un lechero
nos cobre tanto dinero
y tanta agua le eche?
¡Qué culpa tiene la leche!.

¿Y que culpa tiene el pan,
valiendo el trigo tan poco
de que a él, tan a lo loco
tantas subidas le dan?
¡Qué culpa tiene el pan!.

¿Qué culpa tiene el lechón,
que por tradición absurda
el que barre la zahúrda
casi no prueba el jamón?
¡Qué culpa tiene el lechón!.

¿Qué culpa tiene la higuera,
de que a ricos y mendigos
les gusten tanto los higos
cuando pasan por su vera?
¡Qué culpa tiene la higuera!.

¿Qué culpa tiene mi prima,
si su novio está delgado
como un gatito encarnado
por lo que al fuego se arrima?
¡Qué culpa tiene mi prima!.

¿Qué culpa tiene el modisto,
ni la señora modista
que hoy se lleven a la vista
cosas que nunca se han visto?
¡Qué culpa tiene el modisto!.

¿Y qué culpa tiene el cine,
que cuando la luz se apaga
una película haga
quien usted no se imagina?
¡Qué culpa tiene el cine!.

¿Qué culpa tiene la suegra,
su aún siendo el ángel más tierno
casi siempre para el yerno
es, una pantera negra?
¡Qué culpa tiene la suegra!.


¿Y qué culpa tiene el hierro,
que un herrero cierto día
una perra que tenía
la pegó con otro perro?
¡Qué culpa tiene el herrero!.

¿Qué culpa tiene el esposo,
que la idolatrada esposa
a veces por ser dichosa
lo pone a él, espantoso?
¡Que culpa tiene el esposo!.

¿Y qué culpa tiene el mando,
de que todo el que lo coge
más o menos se le antoje
de chupar de cuando en cuando?
¡Y qué culpa tiene el mando!.

¿Qué culpa tiene el tejado,
de que la gata y el gato
haciendo el gatuno trato
lo pongan estropeado?
¡Qué culpa tiene el tejado!.

¿Qué culpa tiene la playa,
que sus blandas arenosas
están sucediendo cosas
que se pasan de la raya?
¡Qué culpa tiene la playa!.

¿Qué culpa tiene el olivo,
que no se puede labrar
y lo tengan que arrancar
como estorbo introducido?
¡Qué culpa tiene el olivo!.

¿Y qué culpa tiene España,
si cuanto cría la tierra
se ve envuelto en una guerra
por repercusión extraña?
¡Y qué culpa tiene España!.


¿Qué culpa tiene la chica,
que va por la discoteca
y a quien le paga la beca
sus filigranas dedica?
¡Qué culpa tiene la chica!.

Roguemos a Dios del cielo,
que nuestra ignorancia frene
y no echemos el “mochuelo”
a quien la culpa no tiene.

Si el Poeta sancho viviera hoy y viera
como está el mundo que nos contaría con sus versos.


José Sancho Rodríguez.

domingo, 11 de septiembre de 2011

SOY AQUEL

SOY AQUEL.

Soy aquel alma perdida,
que siguió tu errante huella
y que fui dejando en ella.
trozos de la propia vida.

Soy del alma dolorida,
que su dolor ríe y canta
a la que ya no le espanta,
cuanto infortunio le trae
cuanto le derrumba cae
con más brío se levanta.

Yo soy aquel caminante,
que por difícil camino
llegué al punto destino,
a fuerzas de ser constante.

Siguiendo siempre adelante,
y superándolo todo
por el polvo y por el lodo,
sin en nada reparar
solo pensando en llegar
en llegar, de cualquier modo.

Y a lo más alto subí,
y a lo mas bajo bajé
pero todo lo gané,
aunque todo lo perdí,
mas soy el que siempre fui
aunque fuiste tan cruel
dándole obre el papel
rienda suelta a mis pesares,
y diciendo en mis cantares
¿te acuerdas? yo soy aquel.

Que ejemplo de la vida narra en estos versos
el Poeta José Sancho Rodríguez.

sábado, 10 de septiembre de 2011

ROMANCE DE UNA LEYENDA

ROMANCE DE UNA LEYENDA.


Al pasar por Alcalá,
muy contados viajeros
no contemplarán las tumbas,
de los siete bandoleros.

Siete bloque verticales.
cual pétreos escuderos
le hacen guardia cara al tiempo,
aun sepulcro de recuerdos.

Dicen que no eran siete,
ni que de Écija fueron
ni que a los ricos robaron,
más que a los pobres le dieron.

Dícese que incontrolados,
fuera de la Ley vivieron
pero que la Ley de Dios,
anes los hombres vivieron.

Que tenían sus esposas,
y que sus hijos tuvieron
y a veces por no matar,
como cobardes huyeron.

Que en la Ermita de Gandul,
la misa del alba oyeron
y que con sus alcabalas,
imágenes se adquirieron.

Unos dicen que es historia,
otros dicen que es un cuento
pero hay algo que es verdad,
hubo algo que fue ejemplo.

Porque cuando el pueblo canta,
un nostálgico recuerdo
siempre lo hacen en alabanza,
de quien supo merecerlo.

Por algo de sus hazañas,
nos sigue hablando el silencio
y el curso de su existencia,
no lo interrumpe el tiempo.

Y aún sin saber si sus almas,
pudieron ganar el cielo
aquí sus tumbas vacías,
siguen causando respeto.


José Sancho Rodríguez.